LA PROMESA

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LA PROMESA
Relato basado en una experiencia real de Alejandro Larios
Escrita y Adaptada por Eduardo Liñán

La familia Larios Hernández estaba conformada por el señor Daniel, su esposa y un par de hijos, Vicente y Alejandro. Los cuales eran muy unidos y se llevaban pocos años. Vicente se había recibido de ingeniero mecánico y Alejandro apenas iba en Preparatoria. Durante el tiempo que Vicente estuvo estudiando en el Tec había comprado con sus ahorros un viejo auto. Un cavalier modelo 93, cuya carrocería estaba carcomida por la humedad; con problemas de suspensión y dirección. Sin embargo tenia buen motor y alcanzaba buena velocidad. Ese fue el primer auto del joven y lo cuidaba en la medida de lo posible. Era su posesión mas preciada y útil. Alejandro siempre intentó pedirle a su hermano que le prestara el auto y ante las negativas de su hermano mayor terminaba por desistir y volver a intentar manejar el cavalier. Había aprendido a conducir en él y había veces que su hermano lo dejaba manejar en tramos cortos de la casa al súper y viceversa. Pero Alex deseaba mas, deseaba poder pasear en el por la orilla de la playa y subir a cuanta jovencita se cruzara en su camino. Esos eran sus más apremiantes deseos. Mismos que eran frustrados por el hermano.

Tiempo después, Vicente fue llamado por una empresa maquiladora en la frontera norte del estado para trabajar en ella. Era una oferta de trabajo importante y una gran oportunidad que no debía desaprovechar. Por lo que tomo la decisión de irse y empezar a formar su propio camino. Antes de marcharse Alex le pidió a su hermano poder manejar y cuidar el coche mientras estaba lejos. Por lo que y ante la insistencia de su hermanito, terminó por acceder a dejarle las llaves y permitirle cuidarlo; pero antes debía cumplir ciertas reglas que debía respetar si deseaba conducir el auto.

La primera de ellas era no manejar alcoholizado, la segunda era nunca manejar a mas de 60 kmph, y la tercera y más importante era que no tenia permitido fumar dentro del vehículo. Los jóvenes sellaron el trato con un abrazo y Vicente le entregó las llaves del auto. El primer día que Alex manejó el cavalier se sintió soñado y pensó en todas las oportunidades que tendría de levantar chavitas y llevarlas a pasear y quizás tener sexo en la parte trasera. A pesar de eso extrañaba a su hermano y procuró siempre cumplir las promesas que le había hecho.

Pasó el tiempo y el destino tocó de una manera terrible las vidas de Alejandro y su familia, al recibir la mala noticia de que su hijo y hermano mayor, había sufrido un accidente en la carretera. El joven regresaba para las fiestas decembrinas con sus familiares y el auto utilitario donde venia se estrelló de frente contra un tráiler y perdió la vida instantáneamente. La noticia fue bastante dura para la familia; pero más para Alejandro que vio en la pérdida de su hermano, morir una parte de el mismo. El carácter del joven se comenzó a volver más iracundo y perturbado.
Cada día salía de su casa, rechinando llanta; lleno de coraje y una rabia que lo hizo dejar la prepa y se dejó tirar en la garras del vicio. Cada día bebía y manejaba sin rumbo fijo, extrañando a su hermano y maldiciendo el destino. Como consecuencia de todo, comenzó a tener problemas con sus padres por la vida que llevaba: ser un vicioso sin control. Manejaba el auto sin precaución y a toda velocidad por avenidas y caminos poco transitados. Fumando y bebiendo en el interior del carro; sin importarle la vida de los demás o la suya.

Cierta noche que regresaba de una juerga y conduciendo a lo largo de un libramiento. Al pasar por uno de los muchos baches que había en el camino, lo hizo saltar y tirar el cigarro que tenía en la mano. No supo donde cayó, solo veía salir el humo de sus pies, apartando la vista de la carretera intentó tomar la colilla a tientas. La velocidad, lo malo del camino y la imprudencia hizo que cayera en un gran bache haciéndolo dar un volantazo que lo llevó a derrapar por la orilla del camino; una de las ruedas del auto se reventó y la inercia hizo que se volcara quedando llantas arriba y patinando sobre la gravilla del camino, hasta que por fin terminó su loca carrera en un gran árbol. El encontronazo fue aparatoso y Alejandro golpeo su cabeza; quedando inconsciente y con sangre brotándole de la herida. Llevaba el cinturón de seguridad puesto y eso lo salvo de un destino aun mas trágico.
Cuando Alejandro despertó, ya era de madrugada, no recordaba donde estaba o que le había pasado. El dolor lo hizo dolerse de la cabeza y tenía la vista nublada. Estaba obscuro y se dio cuenta que el auto estaba chocado y volteado , estaba a unos metros de la carretera en donde los autos pasaban raudos sin percatarse de su accidente por la obscuridad del camino. De algún modo logro quitarse el cinturón y cayó pesadamente sobre el capacete del auto e intentól salirse arrastrándose. Para su buena suerte no se rompió nada, solo fueron golpes que lo dejaron adolorido y con sangre coagulada pegada al rostro. Su vista estaba nublada y se arrastró lentamente hacia la parte trasera del auto, donde se sentó recargado en lo que había quedado él. Esperando que quizás alguien que pasara se diera cuenta de su infortunio.

No sabía cuánto tiempo había estado inconsciente y de pronto sintió algo extraño en el ambiente, un escalofrío lo rodeó por completo y en instantes pudo notar que alguien le tocaba el hombro. Al girar la cabeza para ver quien estaba ahí, con sorpresa vio que era su hermano Vicente. El rostro de su hermano muerto era de ira y de reproche, quizás por lo que le había hecho a su auto, entre lo inconsciente y confundido logró escuchar como su hermano le decía una y otra vez

“Aléjate de mi coche”

Con una leve sonrisa y en tono retador le dijo a su hermano “Tu estas muerto, este ya no es tu carro…”

Enseguida Alejandro sacó una cajetilla de cigarros de la bolsa de su camisa y tomó uno para fumarlo, en cuanto se lo puso en su boca y acercó el encendedor para prenderlo. Vicente resoplaba para apagar la tenue flama, y Cada que el joven herido intentaba encenderlo su hermano mayor repetía la acción de apagarlo. Hasta que Alex se rindió y se rió para sí mismo diciendo:

“Ya sé que no quieres que fume en tu carro, pero para que te mueres cabrón, para que me dejaste solo”

Mientras se recostaba, comenzó a llorar con amargura, la muerte repentina de su amado hermano que lo veía parado ahí frente a él como viéndolo con tristeza hasta que unas farolas lo hicieron desaparecer de la vista de Alejandro. Luego de las farolas se escucharon unas sirenas, era una ambulancia que llegaba a auxiliar al joven herido. Aun aturdido notó como un par de hombres lo colocaban en una camilla con cuidado y lo alejaban de los restos del auto en tanto uno de los rescatistas pedía ayuda de los bomberos. Eso hizo pensar a Alex él porque si no se había quemado nada. Luego de estar en la ambulancia los rescatistas le quitaban las ropas y le ponían una manta para cubrirlo en tanto un policía subía a la ambulancia para revisar el estado del joven, cuando este ultimo lo vio le dijo que le regalara un cigarrillo. A lo que el policía con un gesto de preocupación y en tono de burla le dijo:

-No creo que sea buena idea amigo, estas empapado de gasolina y toda la zona tiene restos del combustible, si enciendes cualquier cosa vamos a quemarnos, por eso esperamos a los bomberos…”

Al decir esto, Alejandro sintió un leve escalofrío acompañado de una tristeza enorme que no pudo contener sus lágrimas, llevó sus manos al rostro para tratar de evitar que lo vieran llorar y luego de retirarlas vio a lo lejos lo que parecía ser la silueta de su hermano Vicente a un lado del auto volcado. El cual levantaba su mano como despidiéndose y recordó entonces la promesa hecha por él y cayó en la cuenta que su amado hermano lo había salvado de tener una muerte repentina y horrible.

~Eduardo Liñán.
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